Trans Andalucía 2022

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Día 1. Madrid – Córdoba 390 km

Este año en Semana Santa abandonaremos nuestros clásicos viajes al norte de África para conocer un poco mejor nuestra querida «piel de toro», concretamente una parte de Andalucía y sus bellísimas sierras.

Quedamos, eso si, en nuestra gasolinera de costumbre en Valdemoro donde repartimos rutometros, camisetas y pegatinas. Partimos sin mas dilación y por las emisoras vamos contándonos nuestras vidas y milagros que no son pocos, Comemos de lo nuestro por el camino y a la carretera de nuevo.

Por fin llegamos a Córdoba, al hotel La lancha donde nos hospedaremos es una especie de motel de carretera y no está mal.

Dejamos nuestras cosas y nos vamos a ver la mezquita, tras unos cuantos rodeos para aparcar y posteriormente pagar los nueve euros de rigor dispondremos de unos cincuenta minutos para admirar este patrimonio de la humanidad.

Realmente es impresionante, esa mezcla de arquitectura Islámica- Bizantina – Gótica. Las altísimas bóvedas, la sillería del conclave las custodias en oro y plata o los cientos de arcos, hacen que te sientas insignificante.

Una cerveza en unos de los baretos que abundan es sus estrechas callejas y al hotel a cenar, un salmorejo y un rabo de toro a la cordobesa que cumplían sin más.

Día 2. Córdoba – Ronda 179 km

Desayunamos y buscamos una gasolinera donde nos hagan el máximo descuento pues, a los precios que está el combustible y lo que gastan nuestros coches, hacen que ahora tengamos  que mirar algo que antes no nos preocupaba. Repostamos en una Repsol y nos ahorramos dieciocho euros por deposito.

Unos kilómetros de carretera y en Palma de Rio tomamos pista en busca de la planta termosolar de Gemasolar. Se trata de una central de torre que contiene unas sales fundidas que acumulan el calor del sol y puede generar hasta 19 MW. Las sales pueden llegar hasta los quinientos grados centígrados  generando vapor y así pueden mantener el agua caliente hasta quince horas y generar electricidad, la energía la reciben de unos espejos situados alrededor de la torre.

Desde una veintena de kilómetros antes de llegar ya se ve el resplandor de la torre, una luz potentísima a la que casi no puedes mirar fijamente, y eso que son casi las once la mañana de un día soleado.

Pistas rápidas y en buen estado nos esperan y nos hacen disfrutar, para dar paso a unas subidas y bajadas de vértigo por las sierras gaditanas, sencillamente impresionantes, no es de extrañar que Jose Maria «El tempranillo» y otros bandoleros de su porte campasen a sus anchas por estos lugares pues es imposible encontrar a nadie que no quisiera ser encontrado.

En una incorporación a una carretera asomo el morro con precaución ya que a mi derecha hay una curva ciega, cuando un conductor, mejor dicho un salvaje, toma la curva a toda velocidad y se me viene encima invadiendo mi carril, trato de arrimarme más aun a la derecha para evitar el golpe frontal con tan mala (o tal vez buena) suerte que me golpeo con la barandilla de una acequia quedándose mi rueda trasera derecha encajada en el escalón de la acequia

Por su parte el otro coche ha dado un volantazo en el último segundo y se larga de rositas, el tío no se ha enterado de nada, mis compañeros que lo vieron dicen que por su forma de conducir debía ir borracho o fumado.

Santi me tira con el winche y en unos pocos minutos salgo de la acequia, los daños han sido mínimos, sujetamos las molduras con un poco de cinta americana y nos largamos con viento fresco.

Por fin llegamos a Ronda, al hotel San Francisco que está bastante bien. La policía tiene cortada la calle pues en una hora pasara una procesión. Nos dejan descargar los bártulos y nos vamos a para dejar los coches en un aparcamiento a unos quinientos metros del hotel.

Efectivamente la procesión pasa por delante del hotel y es, la verdad, impresionante. El redoblar de los tambores, la música, el fervor de los penitentes  después de dos años sin ellas, muy emocionante.

Santi tiene un par de sitios previstos para cenar, pero Ronda está llena hasta los topes. Por fin encuentra sitio en  una pizzería que tiene buena pinta, desgraciadamente solo es la pinta, algunos platos son como el agua, incoloros, inodoros e insípidos y otros como la pizza salados no … muy salados, en fin es lo que hay, vuelta al hotel  trataremos de descansar, que el día ha sido largo y estamos bastante cansados.

Día 3. Ronda – Antequera 145 km

En el precio del hotel, está no solo incluido el desayuno si no también el precio del aparcamiento, de manera que hay que catalogar al hotel como muy bueno.

Una visita al puente de Ronda (Puente Nuevo) con un tajo de 92 metros de profundidad atravesado por el rio Guadalevin. Algo de compra en el súper y a por La sierra de las Nieves .

De nuevo como ayer subidas y bajadas durante kilómetros y kilómetros por pistas embarradas en las que hay que abusar sin remedio de  primera larga o tercera reductora pues hay rampas tremendas.

Está previsto que llueva pero afortunadamente no es así, aunque el viento es muy fuerte, seguramente por encima de los setenta kilómetros hora.

Llegamos al Caminito del Rey. Construido en 1.905 realmente es una pasarela de un metro de anchura que discurre durante unos tres kilómetros por el desfiladero de Los Gaitanes por paredes literalmente verticales. En la actualidad está restaurado y se necesita reservar la visita  con meses de antelación

Terminamos ruta en Antequera en el Hostal Colon. Un acceso está cortado por las procesiones y el otro acceso posible cortado por obras, tenemos que dejar los coches como a un kilometro en un parquin público y volver con nuestras cosas andando al hostal, una delicia cuando vienes cansado.

El hostal es barato (veinticinco euros habitación individual) pero está sucio de narices y mi habitación a pesar de tener un enorme cartel en la puerta de «NO FUMADORES» apesta a tabaco rancio. De hecho, lo primero que me encuentro al entrar es un cenicero encima de la mesa.

Hemos encontrado un sitio para cenar: «El Picoteo», cenamos de lujo  cazón en adobo, calamares, papas bravas y, cómo no, unos flamenquines muy sabrosos.

Adolfo y yo nos vamos al coche a por nuestros sacos de dormir, pues meterse en esa cama del hostal no nos parece «buena idea».

Día 4. Antequera – Durcal 161 km

Desayunamos como príncipes en una pastelería al lado del hostal a base de torrijas, bollos, café y zumo todo excelente y todo ello acompañado de la enorme simpatía de las camareras, que gusto tratar con gente que hace su trabajo con una sonrisa en los labios.

En ese momento nos enteramos de que es el cumple de Santi de modo que sin que el se entere le pedimos a la camarera un pastel con una vela. Como cumple «taitantos», la vela es una interrogación, cuando la traen le cantamos el cumpleaños feliz y creo que un poco sí que se emocionó.

Las niñas de Luis ya venían algo tocadas, pero van a peor incluso con bastante fiebre, ya veremos si pueden continuar el viaje.

Primera visita: al Torcal de Antequera. Son formaciones de piedra caliza, que estaban sumergidas en el mar en el periodo jurasico, afloraron a la superficie y el viento les ha ido dando formas caprichosas formando ese paisaje kárstico.

Continuamos viaje entrando en la zona de la Axarquia malagueña, cuando una cadena nos impide el paso para seguir nuestros puntos, buscamos alternativas y encontramos una pista estrecha y complicada que al parecer nos sacará a un par de puntos más adelante de lo previsto, nada más lejos de la realidad, a los pocos kilómetros de avance lento y tortuoso se nos aparece un verja con un buen candado que nos dice «por aquí no pasáis» y, claro, no pasamos. Menos mal que solo hemos avanzado tres coches, porque el  problema es dar la vuelta. En esa zona, en  la pista solo cabe el coche, a la izquierda la montaña y a la derecha el barranco, hay que retroceder unos doscientos metros marcha atrás hasta llegar a una zona que tiene escaso medio metro más de anchura y que nos permitirá después de mil maniobras dar la vuelta. Como no puede ser de otra manera, y para dificultarlo todo más, se pone a llover.

Antonio, walky en mano ayuda al complicado retroceso de Adolfo que va el tercero y luego Adolfo hace lo mismo con Antonio que va el segundo y los dos me ayudan a mí que en ese momento iba primero. Estas cuatro líneas, que acabáis de leer en cuatro segundos, nos llevarán  más de hora y media de trabajo intentando no caernos barranco abajo.

Hace rato que dejó de llover y paramos para comer, cuando tenemos todo preparado otra vez se pone a llover, Santi abre el toldo y nos refugiamos debajo mientras pasa la nube.

Paramos unos minutos en la almazara del Puente de Don Manuel y compramos algunos litros de aceite. Por la tarde hacemos uno de los tramos estrella del viaje se trata de una pista en magnifico estado, rápida en bajada siguiendo el curso de una rambla, durante kilómetros disfrutamos de lo lindo, para mi uno de los tramos más bonitos en 4×4 que he hecho.

Ya estamos en Durcal, de donde tomó el nombre Rocío Durcal (por cierto madrileña de pura cepa), en el pueblo la nombraron hija adoptiva y la rindieron homenaje con una estatua y una calle.

Dormiremos en la pensión rural La Fonda, barato y limpio.

Santi nos invita a cenar por ser su cumple y cenamos de maravilla. Adolfo y yo en concreto nos apretamos un arroz con bogavante delicioso.

Luis y familia no nos pueden acompañar pues están todos malos con fiebre.

Día 5. Durcal – Abrucena 205 km

Desayunamos en la misma fonda, que tiene una bollería de escándalo: pestiños y piononos, con zumo de naranja natural y café, no se puede pedir más.

Luis, Sonia y las niñas con buen criterio abandonan el viaje pues están todos fatal, luego nos enteraremos (porque han ido al médico) que unas están con otitis, otra con faringitis, otra con amigdalitis y todos con malestar y  fiebre alta, en fin que estos chicos no se privan de nada

Hoy la ruta es  muy, muy  larga. En primer lugar bordearemos Sierra Nevada y la zona de la Alpujarra. Las subidas son de primera larga y cuando intentamos subir para ver el castillo de Mondujar la zona se nos «atraviesa» entre sus callejas en las que cabe el coche con dificultad. Si se quieren visitar esas ruinas hay que subir andando y está lejos, lo que nos hace desistir de la visita.

Las vistas siguen siendo abrumadoras, una subida a la montaña sucede a una bajada a un valle y así una y otra vez. Algunas de las pistas están totalmente encharcadas lo que hace que el recorrido sea aun más interesante si cabe.

Llegamos a Lanjarón y visitamos el Museo de la Miel, donde aprovechamos para comprar algún tarro de tan delicioso producto.

De nuevo en marcha, esta vez por algunas pistas muy trialeras hasta llegar al «pueblo de brujas» Soportujar, un autentico parque temático de estas buenas señoras.

Las calles tienen unas pendientes que supongo que los vecinos para ir a por el pan utilizaran cuerdas, pies de gato y mosquetones.

Nos dirigimos hacia el Veleta que tiene las cumbres nevadas, estamos circulando a 2.300 metros  de altitud y la temperatura baja hasta los cuatro grados. Nos cae una granizada del tamaño de granos de arroz y a continuación una niebla que no deja ver nada a veinte metros.

Por fin llegamos a Abrucena. Nos hospedaremos en la pensión La Fuente. Es una casa con más de 150 años de antigüedad restaurada con mas pena que gloria, a pesar de lo orgulloso que está su propietario, que insiste en contarnos que tuvo que visitar varios anticuarios para comprar mobiliario de la época, está claro que le cundió poco o nada. Barato, es barato, pero deja mucho que desear.

Los baños son compartidos y solo tienen aparatos de aire caliente  tres de las habitaciones y en este caso a mi no me toca. En fin otra noche que necesitaré mi saco de dormir para no helarme en esta habitación que parece sacada de alguno de nuestros viajes a Marruecos.

Cenamos allí mismo muy regular, y al sobre a descansar o al menos a intentarlo, porque con las humedades que tiene mi habitación .. (me  pareció ver algún pulpo o tal vez era una sepia deambulando por ella).

Día 6. Abrucena- Baza 115 km

Desayunamos algo mejor que cenamos, pero sin locuras, y salimos zumbando del lugar.

Ya estamos en Almería y hoy comenzaremos discurriendo por la rambla de Gergal, pero a los pocos kilómetros unos derrumbes dificultan nuestro progreso y decidimos retomarla unos kilómetros más adelante. Unos lugareños nos confirman que el acceso donde estamos es complicado, pero que la salida más adelante es casi imposible de superar. Unos cuantos kilómetros mas adelante retomamos la rambla que en esa zona es muy estrecha y desemboca en la mucho más ancha rambla de Tabernas. pasamos a unos cientos de metros de los estudios Leone, el Hollywood europeo, donde se rodaron decenas de películas del oeste. El desierto de Tabernas  es el único desierto real de Europa.

La rambla está que crea afición, entre 10 y 15 centímetros de agua y un firme perfecto para rodar sin dificultad durante decenas de kilómetros. levantando surtidores de agua con nuestras ruedas, estamos disfrutando como críos.

Salimos de la rambla y atravesando la sierra de Filabres nos pilla una niebla brutal. Llegamos al Calar Alto a 2168 metros donde se estudia entre otras cosas las radiaciones gamma y las supernovas , pero la niebla es tan densa que ni siquiera podemos ver los observatorios.

Atravesamos la sierra de Baza para llegar a la misma Baza. Nos hospedaremos en el hotel Dama de Baza. Nos damos una buena ducha y a cenar, que al parecer el restaurante tiene buena fama y además esta noche nos ofrecen disfrutar, mientras cenamos, de la actuación de un imitador de Manolo Garcia.

La cena abundante y de muy buena calidad/precio , la actuación del imitador bastante buena, sobre todos para los que gustan de este popular cantautor, entre los que no me incluyo.

Día 7. Baza- Vilches 156 km

Madrugamos, pues hoy también la ruta es larga, Un buen desayuno y nuestra primera visita del día tras unos pocos kilómetros de carreta es para las casas excavadas en la roca, algunas totalmente destruidas y abandonadas y otras, las menos, en bastante buen estado. Estamos disfrutando del desierto de Gorafe.

Tras millones de años sumergidas en el mar estas formaciones de arcillas y margas afloraron formando estos farallones y cárcavas impresionantes el espectáculo es abrumador.

Pasamos junto a al parque megalítico de Gorafe , se trata de  sepulcros megalíticos de la era del bronce rodeados de un paisaje  denominado «bad lands», mas adelante vemos las formaciones llamadas «chimeneas de las brujas» rodeadas de un paisaje similar a La Capadocia Turca.

El siguiente paso, siempre por pistas en bastante buen estado, es para la casa del desierto, construida por la compañía Guardián Glass para demostrar el aislamiento y la calidad de sus vidrios, que sirvió en su momento para filmar alguna serie como Black Mirror,  y actualmente sirve como hotel para un máximo dos personas  a un precio de  250 euros la noche. También visitamos la casa District Hive, también en medio de ningún sitio, pero esta mucho más lujosa, por un precio de 600€/noche.

Por último, circulamos por la ladera de la rambla de Anchurones y el Barranco del caballo. La ruta acaba en una pista que bordea la vía del ferrocarril para llegar a Vilches, que es una autentica tortura: badenes, hoyos y charcos profundos, con no muy buen olor, nos acompañan hasta casi el Hotel Marchena.

El hotel francamente bien y la cena también. Degustación de distintos tipos de aceites (el dueño es sommelier de aceite) unos quesos muy buenos y el rabo de toro que estaba soberbio.

Día 8. Vilches – Valdepeñas – Madrid. 100 km por pistas y 279 de carretera

Hoy es el ultimo día y la vuelta a casa la haremos en parte por pista y en parte por carretera.

La pista es amplia e invita al buen ritmo, pero al principio está llena de hoyos de distinto calibre que hace que tengamos que ralentizar la marcha. Vemos un autentico enjambre de buitres (no menos de cincuenta ejemplares) de distintos tamaños en sus típicos vuelos concéntricos. Suponemos que han encontrado algún cadáver, pero no podemos indagar pues la zona esta vallada. Poco a poco vamos dejando atrás Jaén para entrar en Ciudad Real dejando al oeste Despeñaperros, donde en la batalla de Las Navas de Tolosa las huestes cristianas derrotaron a los Almohades. A los derrotados los  llamaban perros y  eran ejecutados lanzándolos desde las aturas, así que desde ese momento la zona se llamó Despeñaperros.

En Castellar de Santiago tomamos pista por la rambla del Castellar acabando en Valdepeñas. Comemos a la sombra en un área recreativa, y carretera y manta a Madrid.

Han sido unos días en los que hemos descubierto una Andalucía desconocida con sus magnificas sierras alejadas del turismo convencional.

Acabamos de regresar pero ya estamos deseando volver para vivir más aventuras.

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