Mauritania 2006

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En este caso, el equipo de MI4X4.COM se aventuró por primera vez en este inmenso y desértico país. La principal peculiaridad de este viaje (además de que recorre gran parte del Sahel bordeando Senegal) es que está hecho en sentido contrario a las agujas del reloj, no como la mayoría de las rutas que dan la vuelta a Mauritania.

Acerca de Mauritania

Mauritania

Mauritania es un desierto. Hay poca vida vegetal o animal excepto en el sur cerca del Río Senegal donde vive la mayoría de la población. Bereberes en camellos dominaron a la población negra indígena en el siglo III A.C. y establecieron comercio con el Imperio de Ghana, cuya capital, Kumbi Salah, estaba ubicada en la esquina suroeste del país. En el siglo 11 los Almorávides extendieron el dominio de los Bereberes sobre la raza negra al arrasar Kumbi Salah, pero posteriormente fueron sustituidos por los árabes como la elite gobernante en el siglo XVII. Los moros de hoy en día son descendientes de esta élite árabe y de la población Bereber, que adoptó el Hassaniya (un dialecto árabe), ambos pueblos tienen una tradición de dominio sobre la raza negra.

Mauritania se convirtió en un protectorado de Francia en 1903 y el francés era el idioma oficial hasta su independencia en 1960. Se intentó establecer una democracia y se realizaron elecciones en el ´61, ´66, ´71 y ´76 pero las dificultades del país para manejar el conflicto armado con el Frente Polisario, que resistía la toma de poder en el lado oeste del Sahara, dio lugar al golpe de estado militar en el ´78. El gobierno dio un giro hacia el fundamentalismo Islámico y otro golpe de estado en 1994 puso al Coronel Ould Taya como Presidente. En 1989, la tradicional tensión entre los moros dominantes y los negros subordinados, ambos los indígenas y los de origen senegalense, llegaron a un punto que los llevó a atrocidades raciales en ambos lados de la frontera con Senegal. Más de cien mil negros tuvieron que huir desde Mauritania mientras que una cantidad igual de moros huyeron desde Senegal. La frontera se cerró. Las elecciones del ´92 y el ´96 confirmaron la presidencia de Ould Taya.

Datos diciembre de 2006:
Precio del gasoil: 0,65€
Población: 3.177.388
Edad media: 17 años
Esperanza media de vida: 53 años
Alfabetización: 42%
Presidente: Maaouya Ould Sid Ahmed TAYA
Renta per cápita: $2.200 (12 veces inferior a la española y la mitad que Marruecos)
Tasa de desempleo: 20%. Pobreza: 40%
Usuarios de Internet: 14.000
Prefijo telefónico. 222

Día 1. Sábado 25. Algeciras – Tánger – Essaouira

Cogimos el ferry (Trasmediterranea, 339 € dos personas + coche) y en menos de dos horas estábamos en Tánger. Desde allí, tomamos carretera y después la autopista hacia Essaouira.

Por el camino, paramos cerca de Casablanca, para conocer a una amiga que contacto con nosotros a través de la web. María Jesús, funcionaria del Gobierno de España, que trabaja y vive en Marruecos desde hace varios años, nos recibió muy amablemente y comimos con ella un extraordinario tallín.

Después de 742 Km. (300 autopista), llegamos a Essaouira y nos alojamos en el hotel Ryad Mogador (carísimo, 829 Dh la habitación doble).

Día 2. Domingo 26. Essaouira – Tan Tan
Distancia: 649 Km.

Desde Agadir seguimos por la P30 hacia el Sur, pasando por Tiznit, Goulimine y Tan Tan. A partir de este momento, empieza las grandes recetas por el Sahara Occidental.

Precio del gasoil en esta zona: 0,30 €

Día 3. Lunes 27. Laayoune – Dakhla
Distancia: 545 Km.

Desde Laayoune, seguimos hacia el Sur, pasando por Boujadour, y desde ahí, por rectas interminables hasta Dakhla (antigua Villa Cisneros).

Esta ciudad, que todavía conserva una importante herencia española tiene un gran destacamento militar y es sorprendentemente una ciudad muy cuidada y ordenada, al contrario que la mayoría del Sur de Marruecos. Dakhla es también un interesante (y lejano) lugar para practicar «kite surf».

Dormimos y cenamos en el Hotel Sahara Regency (800 Dh.)

Día 4. Martes 28. Dakhla – Noadhibou
Ruta: 01DAKHLA-NOADH
Distancia: 350 Km (hasta la frontera: 268 Km.)

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La última gasolinera se encuentra 200 Km al sur de Dahkla.

Llegamos a la frontera a las 14:00 y nos encontramos con que estaba cerrada por «siesta» hasta las 15:00, momento en el que puntualmente la abrieron, y antes de las 16:00 ya estábamos pasando al lado mauritano. Tras la frontera marroquí, se acaba el asfalto y nos encontramos en «tierra de nadie», una cmpleja y peligrosa maraña de pistas, minada en ambos límites fronterizos. En esta zona son abandonados algunas veces «los sin papeles», que no tienen forma de salir de allí, por la amenaza de las minas.

Tras cruzar «Kandahar» (como llaman a esta zona), con cuidado de no perdernos por las pistas, llegamos a la frontera mauritana, formada por varios chiringuitos de madera y hojalata. Se pagan 0 euros en el primer control, 100 metros más adelante, en la “gendarmeríe” se pagan otros 10 euros. 100 metros más adelante está la aduana, donde se rellenan dos impresos: en el primero se declara el dinero que llevas y el segundo es el documento de entrada del vehículo.
Seguramente, los guardias nos pedirán “regalos” (con cualqueir cosa vale, o con nada, pero ellos no pararán de pedir).

Esta frontera es un buen sitio para hacer el seguro del coche (obligatorio), pues aunque aparecerán muchos personajes ofreciendote un seguro, es mejor y más fiable hacerlo aquí directamente (5000 UM por 10 días). El cambio ya es otro asunto, pues en Noadhibou conseguimos un 10% más por nuestro dinero. Llegando a Noadhbou, pasamos un par de controles, que serían los primeros de la larguísima lista que nos esperaba, por lo que es muy conveniente hacer en Marruecos al menos 20 copias de la lista de todos los pasajeros, incluyendo: Nombre, apellidos, fecha de nacimiento, pasaporte, nacionalidad, profesión y matrícula del vehículo.

Cuando llegamos a Nouadhibou, tras varios lios con unos personajes que nos querían liar y llevarnos al hotel que más les convenía, decidimos alojarnos en el Hotel Al Jazira, frente al «aeropuerto» (50 € con desayuno). Cenamos en el «Hogar Canario», sin duda el mejor restaurante de Nouadhibou (y seguramente de Mauritania)

Quisimos también llegar a Cap Blanc, para ver las focas monje, pero nos perdimos y se nos hizo de noche.

 

Día 5. Miércoles 29. Noadhibou-Nouamghar
Ruta: 02NOUAD-NOUAM
Distancia: 310 Km.

Lo primero que hicimos fue buscar el lugar donde vendían las entradas del Parque Banc D’Arguin, que por fin encontramos junto al cruce de la plaza principal («carrefour»), el problema es que el encargado se había quedado dormido (o algo así), y aunque estuvimos esperándolo más de una hora nos tuvimos que ir sin comprar las entradas, lo que al parece no iba a ser un problema pues las podíamos comprar en los accesos al Parque.

A continuación, volvimos parte del camino de ayer, hasta llegar al cruce de la frontera, desde el que se toma la pista que va al Parque. Todo iba muy bien y, por fin, tras varios días de viaje salíamos a pista, cuando de pronto, el G de Fernando rompió el soporte de un amotiguador (que ya habíamos soldado en nuestro anterior viaje a Turquía). Nos quedamos un poco chafados, pero inmediatamente desmontamos el amortiguador y nos dimos la vuelta otra vez a Nouadhibou para intentar repararlo. En Nouadhibou, tras varias vueltas y con los lios de siempre (todo el mundo intenta «ayudarte»), encontramos un «taller» (al menos, los de Marruecos suelen tener techo), que tenía equipo de soldadura. El mecánico, se preocupó muchi del trabajo y gracias a la ayuda de Jorge (que sabe mucho de soldar), el resultado tenía un aspecto excelente.

Nuevamente, al «Hogar Canario», y nuevamente al día siguiente tomamos la carretera de vuelta (los del Control ya eran como de la familia). En este caso y para ahorrar tiempo, decidimos ir directamente por carretera por el interior hasta llegar a la altura del acceso al parque por «Chami». Allí compramos las entradas para el parque y seguimos por una entretenidas pistas de arena hasta que llegamos a la costa. El parque se compone de dunas de arena, pantanos costeros, pequeñas islas y aguas costeras. Sin embargo, es más conocido por su biodiversidad (pájaros, pescado, tortugas, delfines, etc.) y sus recursos dentro de la industria pesquera, manejados cuidadosamente por los pescadores locales del pueblo Imraguen. Seguimos por la costa y paramos a admirar la fauna del parque (en Iwik), hasta que finalmente llegamos al probaldo de Nouamghar, habitado por niños que gritaban y se tiraban a nuestros coches como posesos. Confíabamos en encontrar una gasolinero, pero tuvimos que comprar el gasoil en una garrafa al exorbitante precio de 7.000 UM los 20 litros.

Salimos corriendo del pueblo y nos pasamos el camping, porque estaba lleno de un grupo de holandeses que después volveríamos a encontrarnos varias veces durante el viaje.

Acampamos junto al comienzo de la pista de la pista de la playa, en una hondonada que nos protegía de los agobiantes habitantes del pueblo cercano.

Día 7. Viernes 1. Nouamghar-Nouackchott-Rosso
Ruta: 03NOUAM-ROSSO
Distancia total: 370 Km.

Por fin, en esta etapa llegamos a la “ruta Atlántica”, que transcurre por más de 150 km. de playa estrecha, con el mar a un lado y las dunas al otro. Antes de cruzar hay que esperar a que empiece a bajar la marea. Los horarios de mareas es mejor preguntarlos en los controles del Parque. Es necesario circular con la playa con mucho cuidado por la existencia de rocas, dunas y otros obstáculos.

En el camino de la playa, nos encontramos al grupo de holandeses, que iban incluso ¡en un Ford Mondeo y un Citroën!

La verdad es que la última parte de la pista de la playa acaba haciéndose un poco pesada, así que ya estábamos deseando llegar a Nouackchott. Al ser una ciudad relativamente nueva, no hay mucho que ver, con excepción de sus interesantes mezquitas, a las que los no musulmanes no pueden entrar. La Gran Mezquita fue construida por los saudís y es asombrosa. Se encuentra situada en pleno centro de la capital, en la Calle Mamadou Konaté. Otra interesante mezquita es también la de la Avenida Abdel Nasser, la Mezquita del Viernes. En esta arteria que atraviesa la ciudad se encuentran la mayoría de los hoteles, bancos, restaurantes y tiendas. En general, toda la ciudad está llena de basura, con las cabras y los burros comiendose lo pocos residuos aprovechables, mientras que las calles polvorientas están cubiertas de plásticos raídos, latas, etc.

Desde Nouackchott, tomamos la ¡carretera! hacia el sur para llegar a Rosso, una ciudad dividida por el río Senegal, entre Mauritania y Senegal. En el camino ya empieza a sorprendernos la vegetación del Sahel, y la tierra rojiza que indica que nos adentramos en una zona de África hasta ahora desconocida para nosotros.

Dormimos en Rosso en su único hotel (Hotel Asmaa), que además tiene restaurante. Es un lugar mugriento y decrépito, pero no por ello barato (10.000 UM la habitación doble). Con respecto al restaurante, es mucho mejor y más sano comerte un bocadillo con lo que lleves.

Día 8. Sábado 2. Rosso – Bogue – Matmata
Distancia: 254 Km (193 por pista)

En esta ocasión, salimos muy temprano de Rosso (7:30) y nos dirigimos hacia el este bordeando el río Senegal, a través de pistas que cruzaban las tierras de cultivo, en pleno Sahel, a las puertas del África Tropical. En esta etapa, pudimos ver entre los árboles un mono, que salió corriendo en cuanto paramos. Poco después, la vegetación fue volviéndose menos densa y comenzaron a aparecer multitud de termiteros, algunos de ellos inmensos.

En esta zona, los pequeño poblados estaban en su mayorçia cmpuestos de las típicas cabañas de paja criculares, y la población, eminentemente negra nos mostraba ya el corazón de África.

Desde Podor, continuamos el viaje por pistas paralelas al río, hasta llegar a Bogué, donde tomamos dirección Norte que nos llevará hasta Aleg. Desde Aleg, seguimos por carretera, pasando por Sangarafa para, un poco después tomar el desvío a Matmata. Este desvío, que nos resultó muy complicado de encontrar pues salía de detrás de unas casas entre una densa vegetación, nos llevó por largas pistas de arena, hasta que por fin encontramos una zona más resguardada en la que nos decidimos a establecer el campamento, con el objetivo de llegar al día siguiente a la «guelta» de Matmata a ver los famosos cocodrilos.

Días 9,10 y 11.Domingo 3, Lunes 4 y Martes 5. Matmata – Chinguetti

Esta fue la etapa más interesante y compleja del viaje, ya que atraviesa todo el desierto de Sur a Norte, por zonas complicadas y scon muy pocas referencias previas.

Por la mañana, seguimos la pista para llegar a Matmata (un pequeño pueblo en medio del desierto), y desde allí a una inmensa explanada de arena que acaba en un cañón salpicado de pequeñas charcas (gueltas). En estas pequeñas lagunas habitan algunos de los últimos cocodrilos africanos que quedan en Mauritania, descendientes de los tiempos en los que la selva todavía no había sido invadida por el desierto.

En cuanto aparcamos los coches, nos dirigmos en silencio y con un poco de miedo entre la rocas y las charcas esperando ver un cocodrilo, pero sólo Santiago consiguió ver fugazmente un ejemplar pequeño (aproximadamente un metro), que rápidamente se escondió bajo una gran roca.

Poco después de iniciar nuestro paseo, un grupo de niños se ofrecieron como guías para ver los cocodrilos, por lo que decidimos seguirlos, saltando entre grandes rocas, hasta que nos llevaron a la Guelta de Tartega, al final del cañón, sin que hubieramos conseguido ver absolutamente ningún cocodrilo.

De vuelta, les dimos algunos regalos y seguimos nuestro viaje de nuevo hacia la carretera, para salir por el desvío que habíamos tomado el día anterior. Desde aquí, llegamos a Moudjería, un pueblo como cualquier otro, pero con un impresionante puerto que subía hasta un macizo rocoso desde el que se divisiba una vista impresionante del desierto y sus dunas rodeando el pueblo.

El siguiente lugar habitado en el que paramos, con el objetivo de repostar y comprar pan, fue Tidjikja, un lugar con cierta fama, pero que a nosotros nos pareción absolutamente anodino, así que repostamos, compramos algo de pan a unas niñas y nos volvimos a internar en el desierto por pistas muy arenosas en dirección Norte.

Seguimos por las pistas hasta que unos kilómetros antes de Rachid, decidimos alejarnos del camino y campar en un ancho oued protegido a uno de sus lados por una larga y alta pared rocosa y al otro por una larga hilera de palmeras. Allí, nos sorprendieron unos pequeños animales, con aspecto de grandes roedores, que nos observaban con curiosidad desde las rocas, pero que al llegar la noche desaparecieron y no volvimos a saber nada más de ellos.

A la mañana siguiente, levantamos el campamento y tras pasar Rachid, seguimos por un gran río de arena hasta la «gran duna de Toujafet», algo que nos tenía en vilo desde el inicio del viaje, pues no sabíamos si íbamos a poder atravesarla desde su flanco sur. Cuando llegamos al llugar, no había ni duna ni nada, y el caminio seguí como si tal cosa, con plameras y arena pero sin ninguna dificultad. Sin duda, un gran chasco pero un respiro.

Tras esta zona, el desierto fue haciendose más y más seco, hasta que llegamos a una zona de auténticas dunas que decidimos «cortar por lo sano», y tras algunos atascos, conseguimos atravesar. El camino se fue haciendo más pesado y muy pedregoso, por lo que decidimos acampar en una zona cercana a unas tierras de cultivo, que le dieron a Santiago la idea de ir a comprar a los habitantes de la zona algún tipo de verdura u hortaliza fresca para la cena. Tras un rato intentando comunicarse con ellos sus mirádas atónitas, lo único que consiguió fue una especie de sandía blanca, conunas enormes pipas, y muy poco sabor, que todas formas probamos como postre.

Al día siguiente, volvimos a retomar la pista, ya deseando llegar a Chinguetti, pero las piedras seguía siendo nuestras compañeras, hasta que el soporte del amortiguador del G que habíamos soldado en Nouadhibou, decidió romperse nuevamente, para ser secundado por su compañero poco rato después. En vista de la situación, decidimos acortar la etapa e ir directamente a Atar por un presunto desvío que unos compañeros españoles que nos habíamos encontrado en el camino, nos habían comentado, pero por más que buscamos el desvío no lo encontramos, así que, sin amortiguadores, Fernando siguió como pudo, con la ventaja de que la última parte del camino era muy arenosa, y aunque llegamos de noche y muy cansados por fin llegamos a Chinguetti, donde nos alojamos en al «Auberge des caravans» (10.000 UM con media pensión).

Día 12. Miércoles 6. Chinguetti – Ouadane – Atar

Para Fernando y Tatane, la pistas se había acabado, ya que aunque encontraron un mecánico que pudo soldar nuevamente los soportes de los amortiguadores, no confiaban mucho en la fiabilidad de la reparación en los terrenos duros que podíamos encontrar. Finalmente, decidieron ir por carretera hasta Atar, mientras Angel y Ana y Santiago Jorge hacían las últimas etapas por pistas como estaba previsto.

Chinguetti, la séptima ciudad santa del Islam, tenía 25.000 habitantes en el siglo XIII, aunque ahora cuenta con menos de 3000 habitantes. De sus tiempos de gran y rica ciudad en la ruta de las caravanas, aun persisten varias bibliotecas privadas, que guardan multitud de manuscritos e incunables del siglo XIII, por lo que ha sido considerada por la UNESCO patrimonio de la humanidad desde 1981. Antes de partir, nos dirigimos al hospital español, donde entregamos el resto de juguetes, ropa, calzado y medicinas que nos quedaban y que fueron muy bien recibidas por una cooperante Murciana que llevaba allí pocos meses.

Nuestro objetivo a continuación era llegar a Ouadane y volver por el mismo camino a Chinguetti, y desde allí a Atar. La pista hasta Ouadana fue muy interesante y bonita, ya que comenzaba como una gran lengua de arena, rodeada por grandes dunas, una etapa muy suave, que nos permitía remontar con cierta rapidez los suaves montículos. Ouadane, antigua ciudad corazón de la ruta de las caravanas, fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Ouadane fue fundada en 1147 por los bereberes. Es una típica ciudad del desierto con sus muros de piedra, su mezquita y dátiles. En lo alto de la montaña se yergue la zona más moderna, aún diminuta. Cuando nos dirigíamos a la antigua ciudad, un par de chicos se interpusieron en nuestro paso, exigiendo que les pagásemos una entrada por visitar la ciudad, asunto que ignoramos mientras los chavales nos perseguían y gritaban entre las antiguas callejuelas; nos pareció muy descarada su pretensión de sacarnos el dinero impunemente.

Una vez hecha esta visita rápida y accidentada, tomamos de nuevo la ruta hacia Chinguetti, muy animados y con ganas de encontrarnos en Atar con Fernando y Tatane, no prestamos mucha atención a las suaves dunas hasta que una de ellas dejó de ser suave para finalizar en un cortado y provocar que Ángel y Ana se llevaran un buen susto en la caída, que afortunadamente sólo ocasionó que la baca saliera volando con rueda de respuesto incluida.

Tras Chinguetti, seguimos una ancha y transitada pista hasta el desvío al paso de Amogjiar, cuando ya empezaba a atardecer. La bajada por el paso fue muy pedregosa y dura en los primeros tramos, por lo que consideramos que hacerla en sentido contrario entraña cierta dificultad. La vistas eran impresionantes, pero por poco tiempo, ya que la noche se nos echaba encima con rapidez, por lo que los últimos kilómetros los tuvimos que hacer de noche, deseando ya llegar a Atar.

Cuando llegamos a Atar, Fernando y Tatane ya habían buscado un hotel y nos esperaban para cenar. El hotel, «Seguellil», es tan recomendable como escondido está, detrás de la carretera principal que atraviesa la ciudad.

Días 13 y 14. Jueves 7 y Viernes 8. Atar – Frontera

Por la mañana, tras repostar y hacer las compras de rigor (unas bonitas máscaras talladas en madera por 2.500 UM y unos pantalones pintados, al parecer típicos de la zona), nos despedimos de Fernando y Tatane, que seguirían por carretera hasta la frontera (dando una enorme vuelta por el sur), mientras que nosotros nos dirigíamos a la famosa pista de la vía del tren.

Toamos la carretera hacia el norte, con dirección a Choum, pero a los pocos kilómetros, decidimos salirnos de la carretera y para atajar y evitar el paso por Choum entrando a la vía del tren directamente desde el Sur. Nos costó bastante encontrar la casi inexistente pista, pero al final llegamos a la vía del tren según lo previsto. La ruta, transcurrió durante varios kilómetros por la pista paralela a la vía, ligeramente arenosa en ocasiones, hasta que vimos el gran montículo de pieda llamado «el monolito de Ben Amera», el segundo mayor monolito del mundo después del Uluru en Australia. Tomamos directos la urta hacia él, cruzando la vía del tren, y nos internamos en una zona de densas dunas, con una arena que te hundía al andar sobre ella. Nos costó mucho avanzar unos cientos de metros, así que nos conformamos con admirar el monolito desde una distancia prudencial hasta que decidimos dar la vuelta, nuevamente con importantes atascos que nos consumieron gran parte de la mañana.

De vuelta a la vía del tren, encontramos otro montículo que nos pareció perfecto para acampar tras él. Poco rato después, unos belgas en un camión y dos motos, pensaron lo mismo que nosotros y nos acompañaron en el lugar de acampada, intercambiando chocolates por chorizo y queso.

A partir de este punto, la pista fue salpicándose cada vez más de un tortuoso «tole ondulé», que amenzaba con desmontar nuestros coches y nuestros esqueletos, por lo que la última parte del recorrido fue muy pesada y desagradable.

Al llegar a la carretera, tomamos directamente el desvío a la frontera, y nos despedimos de Mauritania. Una lugar muy bonito y prometedor, pero, sin duda, demasiado lejano.

 

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