Serranía de Cuenca

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Después de un seco verano, los cuatreros de “mi4x4.com”, iniciaron las nuevas aventuras de Otoño. Aunque seguía sin llover, eran tales las ganas de cuatrear que teníamos, que nos arriesgamos a ir de ruta.

La ruta propuesta, es la misma que la semana anterior hizo (mejor dicho, intentó hacer) nuestro grupo, y a la que desgraciadamente no pudimos asistir algunos.

Quedamos en Cuenca a las 10:00h (no llegó nadie puntual), del sábado 9. Como era salida de puente, había alguna retención en la carretera.

Nos encontramos con Santi y Arancha e iniciamos la ruta. Mas allá habíamos quedado con Angel y Ana y con los amigos de Santi: Guillermo y Macu, acompañados, su simpática perra Vilma, que se portó estupendamente durante toda la travesía. Todos ellos, se incorporaron al grupo inicial a eso de las 12 de la mañana.

La zona es preciosa y con “pasos” interesantes, hicimos algún cruce de puentes y lo íbamos pasando en grande. Angel y yo, éramos los mas atrevidos y por tanto los que nos metíamos en mas agujeros.

La navegación con rutómetro y GPS, se hacía sencilla, apenas nos perdimos y realizamos un bonito recorrido.

A falta de otras dificultades, nuestra actividad se centraba en la fotografía, y en los aperitivos que degustamos durante la marcha. Paramos a comer a la orilla del embalse de La Toba, y por tarde seguimos por unos parajes realmente bellos, con unos cortados espectaculares, donde los buitres volaban a nuestros pies / ruedas, y donde los gamos y ciervos no se asustan especialmente al encontrarte, y eso que el día anterior había empezado la temporada de caza.

En el ocaso, despedimos a Guillermo, Macu y Vilma, y nos dispusimos a viajar al Balneario de Solan de Cabras, donde Tatane había reservado unos magníficos y caros apartamentos para pasar la noche.

Para llegar al punto, ya anochecido, nos perdimos por pistas poco transitadas, normalmente sin salida, lo que nos obligaba a dar vueltas. Como “no hay mal que por bien no venga”, por fin hicimos una mini ruta nocturna . Pude conectar toda la cristalería que llevo en la Merche –parece una feria–. Afortunadamente llegamos al hotel a las 22:00 horas, justo para cenar a tiempo.

Al día siguiente, después de degustar algunos litros de agua natural de las instalaciones, continuamos la aventura. Como estabamos alejados de la ruta, decidimos montar unos “guayas” sobre plano entre Puente Vadillos y Tragacete. Salió bastante bien, pero –claro- llegamos a enganchar con la ruta original al mediodía.

En un punto determinado, Angel y yo, nos aventuramos a subir por una pendiente, que cada vez tenia una mayor inclinación, al final se vislumbraban unas rocas, y a medida que nos acercamos, comprobamos que la subida se ponía realmente peligrosa para nuestra integridad física. Con esta reflexión, decidimos bajar marcha atrás por el sitio que habíamos subido. La cosa no fue fácil, aunque el motor de los coches retuvo lo suficiente como para llegar abajo sin mayores sustos.

A Angel y Ana, se les hacia tarde y les despedimos en una carretera cercana, el resto continuó, con la intención de apurar la poca luz que todavía quedaba.

Nos adentramos por un camino todo roto, debido a la saca reciente de madera, con grandes desniveles y mayores rodadas que nos hacían circular entre ellas con bastante precaución..

En eso estabamos, cuando después de ascender una cuesta, de reductora , bloqueos, y todo lo necesario, Santiago que iba delante, anuncio por la emisora, la presencia de un coche. A mí me extraño, pero Santi seguía anunciando cada vez mas excitado la presencia del coche, hasta que por fin dijo que se trataba de un SEAT 127 FURA. Subí todo lo rápido que pude por aquel casi barranco, hasta comprobar que efectivamente no era una broma y era el modelo anunciado en color blanco. Este iba pilotado por un ganadero, vestía el mono azul típico; dijo que venia de ver a unas vacas en el monte (¿). Aquello parecía increíble, el lugareño, que hablaba muy rápido. comentaba que había bajado por una pendiente muy fuerte, y que no podía subir de nuevo por allí, y ni corto, ni perezoso se había atrevido a bajar todo el monte por el lugar donde nos encontramos.

El espectáculo era dantesco, obviamente aquel coche no podía bajar por donde acabábamos de subir, así que decidimos ayudarle en el descenso, Santi fue andando marcándole los pasos, y yo di la vuelta a la Merche para auxiliar en caso de necesidad. Aquel hombre estaba muy nervioso y bajó la pendiente principal por un camino alternativo que le buscamos con la marcha atrás engranada, a base de freno y con el embrague pisado.

Aquello era totalmente surealista, mas abajo, le ayudamos a pasar por una zona estrecha donde empanzó el Fura en una gran piedra, y a partir de ahí, consideramos que podría salir libremente no sin dificultades, pero sin “imposibles”.

Allí nos despedimos y continuamos de nuevo hacia arriba nuestra marcha. Santi y Arancha se acomodaron en la Merche para hacer otra vez la ascensión.

Luego recordando la anécdota, reconocimos que teníamos que haber sacado a aquel valiente hasta la carretera. Espero que llegara a su casa sin más incidentes y que lo vivido, le sirviera de algo positivo en su quehacer diario en la montaña, y a tener una opinión positiva de la gente que viaja por el campo en su todoterreno.

Después de estos abatares, se nos hizo rápidamente de noche, nos perdimos un par de veces y optamos por salir a la carretera y volver a casa.

Otro día terminaremos de recorrer ese tramo, espero que con barro ya que debe de ser francamente divertido.

Fernando

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