Expedición a Túnez

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Después de nuestra primera aventura en Marruecos, ni cortos ni perezosos le echamos un par y decidimos que necesitábamos algo más fuerte, así que Fernando, Tatane, Ángel y Santiago, nos embarcamos en un viaje inédito a Túnez, en un tiempo en el que prácticamente nadie organizaba rutas 4×4 a este país desde España.

Madrid – Marsella

Salimos de Madrid a las 10:00 con destino a Marsella. Las fuertes lluvias que están cayendo en el sur de Francia hacen que se desborde el Ródano y la mayor parte de las carreteras de esa zona se inundan; estas circunstancias nos obligan a seguir hasta Orange y desde allí bajar por la A7 hacia Marsella. Tras 14 horas de viaje, llegamos a nuestro destino.

Pasamos la noche en el Hotel Ibis Marseille, que debido a las inundaciones tiene inutilizado el ascensor, con tan mala suerte que nuestras habitaciones están en el cuarto piso.

Barco a Túnez

Nos levantamos a las 8:00, y después de un copioso desayuno en el hotel nos dirigimos a la estación marítima (Gare Maritime). La entrada al embarque se realiza desde la Porte Chanterac (junto a la terminal 1).

En nuestro recorrido por la estación pasamos primero por el control de billetes, donde tras pedirnos el pasaporte, el permiso de circulación (carte grise) y el seguro (carte vert), y, por supuesto, el billete, nos entregan las tarjetas de embarque y el identificador que debemos llevar colgado del retrovisor interior del coche. Aprovechamos la ocasión para entregarle unas pegatinas de MI4X4.COM a la taquillera.

Tras el control de billetes, unos cientos de metros más adelante tenemos la aduana, donde simplemente nos piden los pasaportes, e inmediatamente nos permiten continuar. A partir de aquí, y tras situarnos en la fila de coches que esperan para embarcar, empieza nuestra larga y aburrida espera de más de 3 horas. En este momento, empezamos a entablar «conversación» con un grupo turistas que van en tres todoterrenos muy preparados; al parecer han estado varias veces en Marruecos, Argelia, Líbia y Túnez. Afortunadamente uno de ellos habla español y nos dice que van a hacer casi la misma ruta que nosotros. Esperamos poder establecer mejor relación con ellos en el barco, nunca está de más hacerse amigos en estas situaciones, y seguro que no es la última vez que nos vemos

Por fin, a las 13:45 empezamos a embarcar. Es un ferry inmenso, tunecino, de la compañía CTN, con 8 pisos y más de 2.400 camarotes, pero está casi vacio. Principalmente está ocupado por tunecinos que regresan a su casa con los coches cargados hasta lo imposible.

Son más de las 15:30 y el barco todavía no se ha puesto en marcha. Nos estamos empezando a desesperar, hasta que a las cuatro, el barco leva anclas y partimos hacia Túnez.

Durante el viaje, no sabemos como matar el tiempo, y aprovechamos para repasar las rutas, los mapas, y pegar adhesivos de MI4X4.COM en los botes salvavidas.

En el propio barco, por la tarde, la policía de aduanas establece dos mostradores en los que sellan el pasaporte, junto con la siguiente documentación (en cada mostrador un documento):
· Permiso de circulación (no olvidarlo dentro del coche, porque no dejan bajar a por él)
· Carte de embarquement / Carte de visiteur
· Demande de autorization de circulation pour un vehicule

Desgraciadamente Fernando no había cogido el permiso de circulación del interior del coche, menos mal que nos permitieron bajar al coche a la mañana siguiente y pudimos completar el papeleo.

Cuando por fin desembarcamos (a más de la 1), nos dirigimos a la aduana, donde multitud de «mozos» vestidos de naranja se mezclaban con los oficiales de la aduana y los coches. La misión de estos mozos se supone que es descargar los vehículos para que los inspectores puedan revisar el contenido, pero realmente sirven para «intentar» acelerar en lo posible dicha inspección, aunque, por supuesto, te acabarán pidiendo una propina por ello. Intenta aprovecharte de la situación, porque si no puedes tardar más de una hora o dos en salir de allí.

Túnez a Tozeour

Tras salir del puerto y cambiar dinero en un banco cercano, nos dirigimos a Sidi Bou Said para pasar a ver a una capitana del ejército de Túnez amiga de un amigo de Santiago, a la que llevábamos un par de presentes con el objeto principal de preguntarle sobre los permisos necesarios para visitar el sur, con tan mala fortuna que ella no tenía ni idea al respecto, aunque nos ofreció un té, zumo de naranja y unos pastelitos típicos muy ricos.

Desde allí nos dirigimos a Túnez para tomar la autopista hacia Sousse, pero la policía nos dijo que la autopista estaba cortada y tuvimos que entrar en Túnez para atravesarlo (posteriormente nos enteramos de que la razón del corte era una conferencia de países del Mediterraneo que se estaba celebrando en Túnez). Tras este percance, el tráfico, que no tenía otra salida se empezó a acumular en Túnez, y todas las vías principales eran un inmenso atasco, que nos costó casi tres horas pasar, hasta que por fin tomamos la autopista en una zona en la que ya estaba abierta.

El camino hacia Tozeur, fue largo, y encontramos controles de policía en casi todos los cruces de carreteras, aunque sólo nos pararon en uno de ellos y continuamos la marcha sin problemas. Con tanto atasco y tanta prisa no habíamos podido comer, así que cenamos en un pueblo por el camino, un cordero asado que nos supo a gloría, aunque ya era un poco mayorcito.

Finalmente llegamos a Tozeour a más de la 1:30 de la madrugada, encontramos facilmente el Hotel Continental, no estaba mal aunque no estaba muy bien conservado.

Dormimos en el Hotel Continental (60 dinares por habitación doble), un hotel que debió ser muy bonito en los años 70, pero que desde entonces no ha sido renovado en absoluto.

Tozeur-Douz

El plan inicial para este día era llegar hasta Tembaine (punto de encuentro de caravanas en el desierto al sur de Douz), pero como ahora se verá, eso fue absolutamente imposible.

Como sabíamos que este día teníamos mucho que hacer y que ver, nos levantamos temprano y lo primero que hicimos al salir del hotel fue entrar en el gran palmeral (la entrada estaba justo detras del hotel). Se abría ante nosotros un inmenso bosque de palmeras, que parecía esconder otra ciudad completamente distinta y aislada en su interior. Dentro del palmeral visitamos el Jardín del Paraíso (jardín botánico de especies autóctonas) y el Zoo del Sahara, un lugar en el que se pueden ver unos pobres animales encerrados en unas pésimas condiciones: desde avestruces hasta leones, pasando por todo tipo de reptiles.

Desde Tozeur nos fuimos a visitar los antiguos decorados de La Guerra de las Galaxias («La amenaza fantasma»), un curioso lugar «gestionado» por «el guardian», un señor peculiar que te sirve de guía y que va siempre rodeado de varios vendedores de colgantes. Desde aquí, volvimos rápidamente hacia Tozeour, donde comimos un cous cous extraordinario en un restaurante de la zona turística. La pista hasta allí es entretenida porque está salpicada de arena y pequeñas dunas, y sirve de una pequeña introducción a los que vamos a encontrar más al sur. Desde los decorados, hay una pista de arena muy buena que baja directa hasta Nefta. En Nefta, es muy recomendable visitar el oasis, llamado «La Corbeille».

Ya se nos estaba haciendo muy tarde, y nos dirigimos hacia Kebili (camino de Douz) con la esperanza de poder obtener allí la tan deseada autorización para cruzar el Sur. En el camino, cruzamos el inmenso y sorprendente Chott el Jerid, un lago seco (sólo en la capa superficial), que es atravesado por una carretera recta de más de 50 Km. En la carretera que cruza el chott se encuentran varios «comercios» de objetos de artesanía típicos y rosas del desierto.

Cuando llegamos a Kebili, ninguno de los policias a los que preguntamos tenía la más remota idea sobre el asunto de las autorizaciones, la oficina de turismo e incluso que Borj el Khadra perteneciera Túnez. Para aprovechar la parada decidimos llenar los depósitos y los jerrycans y salir tan rápido como pudimos hasta Douz.

Finalmente llegamos a Douz a eso de las 15:30, y entonces Santiago recordó que los de una agencia de viajes de allí eran amigos de un amigo suyo, y decidió probar suerte intentando que le gestionasen el asunto de los permisos y el guía. Fueron muy amables y hablaron con Ali Bechir (el que da las autorizaciones en Tataouine), que les confirmó que había recibido nuestra solicitud y que nos la remitiría a la agencia de viajes por fax al día siguiente. En la agencia nos ofrecieron un guía, pero nos cobraban 200 DT diarios, y no podíamos tenerlo menos de cuatro días.

Cuando salimos de Douz eran más de las cuatro, y veíamos cada vez más dificil llegar a Tembain antes de que anocheciese, tomamos la pista, y cuando llevábamos unos 20Km, el Land Cruiser de Ángel (conducido por Santiago), pinchó una rueda, con tan mala suerte que la llanta resultó golpeada y el pinchazo era un pellizco en el flanco exterior. Para cambiar la rueda decidimos probar el gato hinchable de Fernando, pero lo único que conseguimos fue levantar ligeramente el coche sin que la rueda se separase del suelo, así que utilizamos el gato tradicional. Este pinchazo nos hizo perder más de 45 minutos, por lo que finalmente, 15 Km más adelante, ya anocheciendo decidimos rectificar y volver a Douz a pasar la noche, ya que al día siguiente debíamos volver de todas maneras a reparar la rueda y recoger los permisos.

Douz – Ksar Ghillane

Pasamos la noche en Douz en el hotel Touareg (40 DT por persona con media pensión). Lo primero que hicimos por la mañana fue repartirnos en dos grupos: en en el primero, Tatane y Santiago fueron al Camping Desert Club a ver si había llegado el fax con la autorización, y en el segundo, Fernando y Ángel fueron a reparar la rueda pinchada.

A las 8:40 todavía no había llegado la autorización al camping, así que Tatane y Santiago fueron a comprar dátiles y a decirle a Alí (el de la agencia de viajes) que la autorización la recogeríamos en el camping y que finalmente habíamos decidido ir sin guía. Aproximadamente a las 9:30 llamó Ali Bechir para decir que en unos minutos podíamos recoger la autorización en el camping, ¡por fin!. Las recogimos, tras pagar 54 dinares, y nos dijeron que teníamos que hacer 10 fotocopias puesto que había que entregar una en cada control de paso.

A la vuelta al taller, ya habían reparado la rueda, así a eso de las 10:15 tomamos pista hacia Ksar Ghillane. Unos cientos de metros después del desvío a Tembain (11:30), Fernando propuso que intentásemos ir a Tembain porque parecía que era muy pronto y teníamos tiempo de sobra. Nos dimos la vuelta y tomamos una pista junto al puesto de control del Parque de Jbil, cuando vimos que alguien salía de allí y nos hacía señas. Pasamos de él y cogimos la pista equivocada (la buena estaba al otro lado de la valla del parque). La pista se perdió y ante nosotros sólo veíamos dunas y dunas. Empezamos a animarnos, pero la emoción se volvió desesperación cuando vimos que no habíamos avanzado más de 4 Km en casi dos horas. Eran unas dunas imposibles, nos quedábamos colgados una y otra vez. A la una y nos dimos cuenta de que no habíamos bajado las presiones de los neumáticos, pero aun así, a la vista del panorama, decidimos retroceder. Tardamos más de una hora en volver siguiendo nuestras huellas. El experimento nos había retrasado mucho y aun nos quedaba por delante un largo camino hasta llegar a Ksar Ghillane.

El camino a Ksar Ghillane era espectacular: dunas, rios de arena, pistas. Precioso y divertido, que más podíamos pedir. Un poco antes de Ksar Ghillane visitamos las ruinas de la antigua fortaleza romana de Tisavar, desde donde se divisaba una extensión infinita de dunas, y el oasis que era nuestro destino. Tras hacer unas fotos llegamos al cabo de un rato a Ksar Ghillane (17:00), donde nos alojamos en jaimas el Camping Paradis (25 DT por persona con media pensión).

Ksar Ghillane – Camino de El Borma (parte 1)

Después de ordenar y limpiar de arena los coches (10:00), repostamos en una «gasolinera» fuera del oasis, donde nos cobraron 1 DT por litro de gasóleo (más del doble de lo normal). Desde allí tomamos la pista del oleoducto hacia el sur. Cuando nos acercábamos al primer control (Kamour), Santiago recordó que el libro que utilizaba como guía principal del viaje recomendaba «esquivar» ese control por una pista paralela, puesto que los guardías de ese puesto eran famosos por su lentitud y mal humor. Así lo hicimos, tomando una pista muy mala desde la que vimos a lo lejos el puesto de control. Cuando nos incorporamos a la pista principal empezaron nuestras dudas, ya que vimos cómo la pista era mucho peor que cuando la habíamos dejado, y no teníamos claro si habíamos cogido el camino correcto, aunque el GPS y el mapa nos indicaban que si. La próxima vez, no nos saltaremos este control, porque al parecer es necesario que te sellen el permiso original en el primer control, y en cualquiera de los controles posteriores te pueden exigir ese sello.

El camino se fue complicando cada vez más, y aunque siempre corríamos paralelos al oleoducto la pista se perdia entre las dunas, y unas leves, rodadas antiguas nos permitían suponer su trazado. Era un paisaje auténticamente desértico, con un camino duro y lleno de complicaciones, aunque la ruta transcurrió sin mayores problemas hasta que Fernando, por un despiste, se deslizó contra un barril que había al pie de una duna, con tan mala suerte que el tubo de escape se soltó de los bloques de goma que lo sujetaban. Cuando acabamos de arreglarlo ya eran más de las 5 y todavía nos faltaban al menos 40 km para llegar a El Borma, así que decidimos acampar allí mismo. Montamos las tiendas, hicimos una hoguera, y dormimos en las tiendas hasta la mañana siguiente. La luna llena iluminaba todo a nuestro alrededor, y pasamos varias horas cenando, tomando unas copas y hablando alrededor de la hoguera.

Ksar Ghillane – El Borma (parte 2)

Por la mañana temprano desmontamos el campamento y nos pusimos en marcha muy ilusionados hacia el Borma. A los pocos minutos comprobamos cómo la difusa pista se iba cubriendo de dunas, que debíamos zigzaguear, lo que enlentecía considerablemente el avance. Tras unos pocos kilómetros de una pista con pocas dunas que corría paralela al oleoeducto, vimos como ante nosotros surgía una auténtico mar de dunas que ascendían formando una pequeña cordillera. Intentamos avanzar poco a poco, bajamos presiones, pero nos quedamos en la arena varias veces y nos costaba cada vez más sacar los coches. Por si fuera poco, empezó a llover, aunque afortunadamente fue muy leve. En más de dos horas habíamos avanzado menos de 12 kilómetros, por lo que decidimos darnos la vuelta hasta donde fuera necesario y coger la pista «buena» hacia el oleoducto. A la 1 volvimos a pasar por el lugar en el que dormimos (habíamos perdido 4 horas) y desde allí seguimos el track y el oleoducto, hasta que unos 15 Km. más adelante encontramos una pista que aparecía en el mapa, y que cruzando el oleoducto nos llevaba hacia la gran pista de El Borma.

Sólo nos llevó dos horas más hacer más de 100 Km para llegar a El Borma, la pista era muy buena y ancha. A las 15:00 llegamos al primer control de entrada, donde simplemente nos pidieron la autorización y los pasaportes, y al cabo de unos minutos nos dejaron pasar sin ninguna objeción. Apenas un kilómetro después vimos una señal de STOP, y al poco de detenernos salió de una especie de chalet un policía muy simpático que nos pidió el pasaporte y el permiso. Atemorizados por lo que habíamos pasado esa mañana, le preguntamos sobre el camino a Borj El Khadra, y nos comentó que era una pista de arena. Nos alegramos mucho.

Un par de kilómetros después, nos desviamos de la carretera para ir a la gasolinera de El Borma, donde llenamos el depósito al abusivo precio de un dinar por litro de gasoil. También nos ofrecieron agua, pero consideramos que ya llevábamos suficiente. Para asegurarnos volvimos a preguntar sobre el camino que nos esperaba, y nos comentaron que era una pista de arena, con algunas pequeñas dunas, a la vez que miraban un poco dubitativos el Land Cruiser.

Por fin, salimos de El Borma, a toda velocidad, intentando recuperar el tiempo perdido. La pista era tan buena, que echábamos de menos algo más de complicaciones. Unos 40 Km. después la extraordinaria pista se convirtió en una inmensa llanura de arena, con una especie de pista balizada que la atravesaba. La pista, un verdadero río de arena, revolucionaba a los coches, que avanzaban a duras penas, hasta que unos 5 Km. más adelante, Fernando tuvo que parar el coche, porque el indicador de la temperatura estaba al máximo. Aprovechando la parada, y a la vista del camino, decidimos bajar las presiones y buscar un sitio donde acampar.

A las 17:30 comenzamos a montar el campamento y, nuevamente, la luna nos iluminó la velada.

El Borma – Borj El Khadra

Otro día más, madrugamos mucho para avanzar todo lo posible. Tras bajar las presiones, los coches avanzaban sin problemas, y la pista de arena se empezaba a hacer monótona. Unos kilómetros más adelante encontramos una especie de gran fuente junto a la pista, de la que manaba un gran caudal de agua templada, lo que aprovechamos para llenar un par de botellas para lavarnos o echar a los radiadores si era necesario.

Unos kilómetros más adelante, encontramos una especie de pozo petrolífero y un control militar (Ech Chouech), donde nos pidieron la documentación y los pasaportes. El oficial nos preguntó el destino, y cuando se lo dijimos nos preguntó extrañado si no llevábamos guía. Nos empezamos a mosquear. Justo después de este punto, la pista de arena se acababa, y no teníamos ninguna referencia de cómo continuar, así que decidimos buscar la ruta que teníamos (de unos italianos que la habían hecho en marzo) utilizando el GPS. Ante nosotros aparecía una inmensa cordillera de dunas que no sabíamos cómo atravesar. Nos costó encontrar el paso, pero finalmente la atravesamos. Sólo era la primera cordillera de las más de 20 que nos esperaban hasta llegar a Borj el Khadra. Seguíamos navegando con el GPS, aunque avanzábamos muy poco y no encontrábamos ningún indicio de pista. El Land Cruiser de Ángel, que normalmente iba buscando el camino, se quedaba muchas veces pillado en una arena muy fina y profunda, lo que nos llevaba mucho rato de palear, poner planchas, y sobre todo de que lo remolcase el G de Fernando.

En cierto momento, Santiago se empezó a extrañar de la posición que teníamos, más hacia el oeste de lo debido, así que sacó el ordenador y lo conectó al GPS. Según el mapa ¡estábamos a sólo 400 metros de la frontera argelina!. La necesidad de bordear las cordilleras de dunas nos impulsaba a desplazarnos hacia el oeste, pero rápidamente decidimos cambiar la tendencia de la ruta.

Paramos a comer, un poco agobiados porque las dunas eran altas e infinitas, y nos costaba mucho encontrar los pasos entre ellas. Reanudamos la marcha, y a partir de ese momento, la ayuda del mapa, que nos indicaba los pasos de las cordilleras con mucha precisión, nos permitió además encontrar rodadas de otros coches. Las seguimos y todo evolucionaba bastante bien (con algún pequeño atasco) hasta que empezó a anochecer cuando sólo nos quedaban 30 Km para llegar a Borj el Khadra.

Acampamos cuando ya no podíamos distinguir bien el relieve de las dunas, y nuestra mayor preocupación en ese momento era encontrar un lugar resguardado en el que hubiera cerca troncos o ramas para hacer una hoguera. No lo encontramos, por lo que la hoguera de esa noche fue más bien raquítica. Cuando ya íbamos a acostarnos empezó a llover en serio, y justo cuando nos metimos en las tiendas el chaparrón era muy fuerte. Todos, sin decirlo, empezamos a preocuparnos seriamente sobre las consecuencias que tendría: ¿se convertiría la duna en un barrizal? ¿se desmoronaría la duna junto a la que estábamos durmiendo?. Esa noche apenas dormimos, entre el ruido de la lluvía sobre las tiendas y la preocupación que nos hacía pensar en que tendríamos que esperar allí varios días a que se secase el terreno.

Borj El Khadra – Tataouine

A la mañana siguiente, resultó que los efectos de la lluvia fueron muy beneficiosos: la arena se había endurecido considerablemente. Aliviada nuestra preocupación, reemprendimos la ruta, con la ventaja de que las cadenas de dunas eran cada vez más bajas. Sólo una hora y media más tarde habíamos llegado a Borj El Khadra.

En este lugar, que es sólo un destacamento militar entre las fronteras de Libia y Argelia, los soldados del control nos llevaron a un Bar-Cafe-Hostal anexo al cuartel, para que esperásemos mientras nos devolvían nuestros pasaportes. En el «Cafe 7 de noviembre», conocimos a su dueño: Dahou, que nos enseñó las paredes del local, autografiadas por docenas de grupos de visitantes que habían inmortalizado en sus paredes la hazaña de haber llegado hasta allí. Nos invitó a que hiciéramos lo mismo, y colocamos una pegatina de MI4X4.COM junto a nuestros nombres y la fecha, justo al lado de la dedicatoria que habían escrito hacía tres días el grupo de franceses que habíamos conocido en el barco.

Por fin, tras casi dos horas de charla con Dahou, esperando los pasaportes y el pan recién hecho que nos regaló, tomamos de nuevo pista hacia el norte.

Nos quedaban más de 200 Km de pista hacia Remada, pero finalmente habíamos cumplido puntualmente nuestro objetivo.

La pista se hizo dura y larga, con muchos obstáculos, principalmente un impresionante vadeo de más de 1,5 metros de profundidad, ante el cual, Fernando metió su Mercedes sin pensárselo dos veces. Poco tiempo después de pasar, vimos cómo llegaba al otro lado del río un camión militar del control anterior, con el objeto de ayudarnos por si no habíamos podido pasar el río. Tras este, hicimos dos vadeos más, pero menores.

A las 20:30 llegamos al Hotel Gazelle de Tataouine. Por fin dormíamos bajo techo y cenábamos sin tener que buscar leña para el fuego.

Tataouine – Gabes

A partir de este día, dábamos por terminada la aventura por el desierto, y nuestro viaje de vuelta a Túnez capital tomaba un tinte principalmente turístico: sin riesgos y con comodidades.

Desde Tataouine, fuimos a visitar los pueblos bereberes de las montañas, aunque realmente sólo nos detuvimos a ver Chenini, con sus casas excavadas en la montaña y la famosa mezquita subterranea de los «siete durmientes». Era un paisaje montañoso, que con la lluvia caída se volvía muy dificil de atravesar por los caminos que conducían a las ruinas.

Desde Chenini, decidimos ir a Matmata, a ver las casas trogloditas, y en especial la utilizada como escenario en «La Guerra de las Galaxias». Aunque no era mucho recorrido, tardamos en llegar mucho más de lo previsto, porque la carretera estaba en obras, y la mayor parte del camino era un pista llena de barro y piedras. Como llegamos de noche a Matmata, no pudimos ver nada y continuamos inmediatamente hacia Gabes.

En Gabes, dormimos en el Hotel Oasis (bastante aceptable), y cenamos muy bien en un restaurante del puerto llamado «La Maison del Mer», donde éramos los únicos clientes.

Gabes – Túnez

Por la mañana temprano tomamos dirección a Túnez, parando a la salida de Gabes para lavar los coches, que estaban llenos de barro. Estuvieron casi una hora lavándolos a conciencia en una gasolinera, y desde allí tomamos la carretera, dirección a Kairouan-Túnez. Comimos por el camino cordero a la parrilla y finalmente llegamos a Túnez a las 17:30.

En Túnez, tras registrarnos en el Hotel Excel (regular), nos fuimos directos a la medina, donde acabamos de gastar los dinares que nos quedaban.

Cenamos temprano en el restaurante Essaraya, un sitio de lujo con una comida buena aunque no memorable, y atravesamos las oscuras y solitarias calles de la medina, de vuelta al hotel.

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