Ruta: Tunez 2006/Tembain - Douz
 

Comenzaba un nuevo día, y nos pusimos en marcha, una y otra vez, dunas que parecían imposibles se interponían en nuestro camino, y elegir el paso "menos malo", era complicado y muchas veces nos obligaba a bordear cada cordón buscando una zona con algo de vegetación entre la arena. Nos íbamos turnando en el papel de guía, y la situación se ponía tensa en algunos momentos...

Por fin, ya hartos de dunas y con arena hasta en los ojos, descubrimos Tembain en la lejanía. Nosotros, que esperábamos un centro turístico con al menos un café y un lugar de acampada, nos quedamos sorprendidos, cuando sólo encontramos un enorme montículo rocoso, cuya única animación eran unos camellos pastando. Santiago, decidió ir a Bir Tembain, donde tan sólo encontró un pozo y un pastor de camellos, mientras, el resto descansaban admirando el reseco valle de Tembain desde el monte.

Con la satisfacción del objetivo cumplido, pero ya bastante cansados de dunas infinitas, buscábamos afanosamente una pista ancha y marcada que nos llevara sin muchas dificultades hacia el norte, era algo que esperábamos encontrar, teniendo en cuenta que múltiples taxis y excrusionistas iban a Tembain desde Douz. Rastreábamos el terreno, pero al llegar frente a un gran cordón de dunas, la pista se perdía y nuestras esperanzas de una vuelta fácil, también.

Quizá la pista bordeaba por el este, hacia allí nos dirigimos, esperando cruzarla, pero nos alejábamos cada vez más de la ruta prevista, los depósitos de Ángel y Santiago estaban a punto de entrar en reserva, y sólo disponíamos en total de dos jerrys para los tres coches. Nos empezamos a preocupar en silencio (como siempre), y con sangre fría decidimos que la única solución era tirar de frente contra las dunas y atravesarlas como fuera.

Mientras subíamos, con Fernando a la cabeza, cada uno pensaba cómo organizar la búsqueda de combustible en caso de que alguno de los coches no pudiera seguir. Por fin, llegamos arriba de las dunas, del tirón, sin un sólo tropiezo, y es que "el hambre agudiza el ingenio", y desde allí, fuimos descendiendo con cuidado, hasta que vimos no muy lejos, acampados entre las dunas varios coches.

Era nuestra única esperanza, que los desconocidos viajeros nos pudieran dar algo de combustible. Hacia allí se dirigieron Ángel y Santiago, para descubrir que nuestros salvadores eran un grupo de aventureros alemanes, que si bien al principio eran bastante reacios, finalmente aceptaron vendernos un jerry de gasoil (a 1 € el litro). Por fin, y aunque nuestro déficit de combustible era más psicológico que real, pudimos llenar todos los depósitos y seguir tranquilos y confiados hacia Douz.

Desde aquí, la vuelta fue muy sencilla, pero larga, atravesando arenosas y polvorientas pistas que cruzaban un Parque Natural, y llegaban a la pista que va de Douz a Ksar Ghillane.

¡La aventura había terminado!


 


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