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Día 12. Miércoles 6. Chinguetti - Ouadane - Atar
Para Fernando y Tatane, la pistas se había acabado, ya que aunque encontraron
un mecánico que pudo soldar nuevamente los soportes de los amortiguadores,
no confiaban mucho en la fiabilidad de la reparación en los terrenos
duros que podíamos encontrar. Finalmente, decidieron ir por carretera
hasta Atar, mientras Angel y Ana y Santiago Jorge hacían las últimas
etapas por pistas como estaba previsto.
Chinguetti, la séptima ciudad santa del Islam, tenía 25.000 habitantes
en el siglo XIII, aunque ahora cuenta con menos de 3000 habitantes. De sus tiempos
de gran y rica ciudad en la ruta de las caravanas, aun persisten varias bibliotecas
privadas, que guardan multitud de manuscritos e incunables del siglo XIII, por
lo que ha sido considerada por la UNESCO patrimonio de la humanidad desde 1981.
Antes de partir, nos dirigimos al hospital español, donde entregamos
el resto de juguetes, ropa, calzado y medicinas que nos quedaban y que fueron
muy bien recibidas por una cooperante Murciana que llevaba allí pocos
meses.
Nuestro objetivo a continuación era llegar a Ouadane y volver por el
mismo camino a Chinguetti, y desde allí a Atar. La pista hasta Ouadana
fue muy interesante y bonita, ya que comenzaba como una gran lengua de arena,
rodeada por grandes dunas, una etapa muy suave, que nos permitía remontar
con cierta rapidez los suaves montículos. Ouadane, antigua ciudad corazón
de la ruta de las caravanas, fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Ouadane fue fundada en 1147 por los bereberes. Es una típica ciudad del
desierto con sus muros de piedra, su mezquita y dátiles. En lo alto de
la montaña se yergue la zona más moderna, aún diminuta.
Cuando nos dirigíamos a la antigua ciudad, un par de chicos se interpusieron
en nuestro paso, exigiendo que les pagásemos una entrada por visitar
la ciudad, asunto que ignoramos mientras los chavales nos perseguían
y gritaban entre las antiguas callejuelas; nos pareció muy descarada
su pretensión de sacarnos el dinero impunemente.
Una vez hecha esta visita rápida y accidentada, tomamos de nuevo la
ruta hacia Chinguetti, muy animados y con ganas de encontrarnos en Atar con
Fernando y Tatane, no prestamos mucha atención a las suaves dunas hasta
que una de ellas dejó de ser suave para finalizar en un cortado y provocar
que Ángel y Ana se llevaran un buen susto en la caída, que afortunadamente
sólo ocasionó que la baca saliera volando con rueda de respuesto
incluida.
Tras Chinguetti, seguimos una ancha y transitada pista hasta el desvío
al paso de Amogjiar, cuando ya empezaba a atardecer. La bajada por el paso fue
muy pedregosa y dura en los primeros tramos, por lo que consideramos que hacerla
en sentido contrario entraña cierta dificultad. La vistas eran impresionantes,
pero por poco tiempo, ya que la noche se nos echaba encima con rapidez, por
lo que los últimos kilómetros los tuvimos que hacer de noche,
deseando ya llegar a Atar.
Cuando llegamos a Atar, Fernando y Tatane ya habían buscado un hotel
y nos esperaban para cenar. El hotel, "Seguellil", es tan recomendable
como escondido está, detrás de la carretera principal que atraviesa
la ciudad.
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