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Días 9,10 y 11.Domingo 3, Lunes 4 y Martes 5. Matmata - Chinguetti
Esta fue la etapa más interesante y compleja del viaje, ya que atraviesa
todo el desierto de Sur a Norte, por zonas complicadas y scon muy pocas referencias
previas.
Por la mañana, seguimos la pista para llegar a Matmata (un pequeño
pueblo en medio del desierto), y desde allí a una inmensa explanada de
arena que acaba en un cañón salpicado de pequeñas charcas
(gueltas). En estas pequeñas lagunas habitan algunos de los últimos
cocodrilos africanos que quedan en Mauritania, descendientes de los tiempos
en los que la selva todavía no había sido invadida por el desierto.
En cuanto aparcamos los coches, nos dirigmos en silencio y con un poco de miedo
entre la rocas y las charcas esperando ver un cocodrilo, pero sólo Santiago
consiguió ver fugazmente un ejemplar pequeño (aproximadamente
un metro), que rápidamente se escondió bajo una gran roca.
Poco después de iniciar nuestro paseo, un grupo de niños se ofrecieron
como guías para ver los cocodrilos, por lo que decidimos seguirlos, saltando
entre grandes rocas, hasta que nos llevaron a la Guelta de Tartega, al final
del cañón, sin que hubieramos conseguido ver absolutamente ningún
cocodrilo.
De vuelta, les dimos algunos regalos y seguimos nuestro viaje de nuevo hacia
la carretera, para salir por el desvío que habíamos tomado el
día anterior. Desde aquí, llegamos a Moudjería, un pueblo
como cualquier otro, pero con un impresionante puerto que subía hasta
un macizo rocoso desde el que se divisiba una vista impresionante del desierto
y sus dunas rodeando el pueblo.
El siguiente lugar habitado en el que paramos, con el objetivo de repostar
y comprar pan, fue Tidjikja, un lugar con cierta fama, pero que a nosotros nos
pareción absolutamente anodino, así que repostamos, compramos
algo de pan a unas niñas y nos volvimos a internar en el desierto por
pistas muy arenosas en dirección Norte.
Seguimos por las pistas hasta que unos kilómetros antes de Rachid, decidimos
alejarnos del camino y campar en un ancho oued protegido a uno de sus lados
por una larga y alta pared rocosa y al otro por una larga hilera de palmeras.
Allí, nos sorprendieron unos pequeños animales, con aspecto de
grandes roedores, que nos observaban con curiosidad desde las rocas, pero que
al llegar la noche desaparecieron y no volvimos a saber nada más de ellos.
A la mañana siguiente, levantamos el campamento y tras pasar Rachid,
seguimos por un gran río de arena hasta la "gran duna de Toujafet",
algo que nos tenía en vilo desde el inicio del viaje, pues no sabíamos
si íbamos a poder atravesarla desde su flanco sur. Cuando llegamos al
llugar, no había ni duna ni nada, y el caminio seguí como si tal
cosa, con plameras y arena pero sin ninguna dificultad. Sin duda, un gran chasco
pero un respiro.
Tras esta zona, el desierto fue haciendose más y más seco, hasta
que llegamos a una zona de auténticas dunas que decidimos "cortar
por lo sano", y tras algunos atascos, conseguimos atravesar. El camino
se fue haciendo más pesado y muy pedregoso, por lo que decidimos acampar
en una zona cercana a unas tierras de cultivo, que le dieron a Santiago la idea
de ir a comprar a los habitantes de la zona algún tipo de verdura u hortaliza
fresca para la cena. Tras un rato intentando comunicarse con ellos sus mirádas
atónitas, lo único que consiguió fue una especie de sandía
blanca, conunas enormes pipas, y muy poco sabor, que todas formas probamos como
postre.
Al día siguiente, volvimos a retomar la pista, ya deseando llegar a
Chinguetti, pero las piedras seguía siendo nuestras compañeras,
hasta que el soporte del amortiguador del G que habíamos soldado en Nouadhibou,
decidió romperse nuevamente, para ser secundado por su compañero
poco rato después. En vista de la situación, decidimos acortar
la etapa e ir directamente a Atar por un presunto desvío que unos compañeros
españoles que nos habíamos encontrado en el camino, nos habían
comentado, pero por más que buscamos el desvío no lo encontramos,
así que, sin amortiguadores, Fernando siguió como pudo, con la
ventaja de que la última parte del camino era muy arenosa, y aunque llegamos
de noche y muy cansados por fin llegamos a Chinguetti, donde nos alojamos en
al "Auberge des caravans" (10.000 UM con media pensión).
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